campaneaba tu paso en las esquinas
y después de mirarte de callado
se encerraba en la pieza y escribía...
y no se te ocurrió por un instante
pensar que el gil de Dante
te quería?
Y luego andaban sueltos por Florencia
cada versos de amor que eran un lujo,
y todo a vos,
y muchos
lo sabían...
y no se te ocurrió por un minuto
pensar en lo gigante que se haría
el gil aquel por lo que te escribía?
Yo quisiera saber qué te vería
para vivir cantando tu memoria,
si no le diste cinco de bolilla.
De vos,
que no le dabas ni la hora,
de él,
que te miraba y se moría
no logro distinguir al más idiota.
Y debe ser,
sin duda,
porque a veces
a mí también me pasan esas cosas.
Juan de Marsilio