jueves, 24 de octubre de 2024

Invierno

El día que fui más feliz
vi un avión
reflejarse en tu mirada hasta desaparecer
Desde entonces hasta ahora, no sé...
camino a lo largo del canal...
escribo largas cartas para nadie
y el invierno en Leblón es casi glacial

Hay algo que nunca se aclaró:
¿dónde fue exactamente que abandoné aquel mismo día
el león que siempre cabalgué?

Allí mismo olvidé que el destino
siempre me quiso solo
en un desierto sin añoranzas, sin remordimientos, solo
sin amarras, barco embriagado en el mar

No sé qué parte de mí
solo quiere recordarme
que un día el cielo se unió a la tierra un instante por nosotros
poco antes de que occidente se asombrara


Adriana Calcanhotto /
Antonio Cícero (6/10/1945 - 23/10/2024)


lunes, 3 de julio de 2017

Estás.

Qué lindo haber compartido tu vida.
Me quedaste debiendo unos años.


Frida

martes, 11 de octubre de 2016

En verde y amarillo

La luna del Brasil mira tan dulce
desde un cielo de lento movimiento
que no quiere dejar
al pasar la frontera,
y no quiere saber
que de este lado
la espera un castellano.
Y ni al mirar los ojos que la miran,
por eso se convence y dice:
"É bom, é bom, é bom, é bom, é bom".

La luna del Brasil habla tan dulce
con un susurro en verde y amarillo
que no quiere dejar
al pasar la frontera,
y no quiere saber
que a mí me gusta
que me hable en castellano.
Y ni al caer
redonda sobre el pasto,
por eso se convence y dice:
"É bom, é bom, é bom, é bom, é bom".

Ruben Lena


domingo, 12 de julio de 2015

Balada del ahorcado por amor

Ciudad de penas y doctores
y de inmundicias y basuras,
desde los bajos de una soga
he conseguido estas alturas.

Sobre tus camas palpitantes
me balanceo, balanceo
soy el ausente de tus camas,
me balance y balanceo.

Amor del aire que me pudre,
y de la soga con mi cuello,
yo ya no quiero a nadie, a nadie,
me balance y balanceo.

Aprendan a vivir, amantes,
saquen consejos de mis huesos,
no quiero a nadie, a nadie, a nadie,
me balanceo y balanceo.

Juan Gelman


domingo, 27 de julio de 2014

Profecía

Un día será la tierra
Sólo un espacio que gira
Confundiendo día y noche,
Bajo el cielo de los Andes
No se verá una montaña
Ni el menor desfiladero.

De todas las casas del mundo
No quedará más que un balcón
Y el humano mapamundi
Una tristeza sin cubrir.
De lo que antes fué el Atlántico
Un sabor a sal en los aires
Y un mágico pez volador
Que de la mar no sabrá nada.

Desde un cupé del año treinta
(Cuatro ruedas, ningún camino)
Tres señoritas de esa época,
Ya convertidas en vapor,
Mirarán por la portezuela
Creyendo a París muy cerca
Y sentirán en torno a ellas
El asfixiante olor del cielo.

Donde los bosques florecían
Se elevará un canto de pájaros
Que nadie ya podrá situar
Ni preferir, ni oir siquiera
Excepto Dios que al escucharlo
Dirá en voz baja : "Es un jilguero".

Jules Supervielle


sábado, 18 de enero de 2014

Balada del hombre que se calló la boca

El sol sale todos los días
cantan los pájaros o llueve
alguien muere, alguien nace, alguien sufre,
y un hombre se calló la boca.

Lo ricos cada vez más pobres,
sus armas cada vez más grandes,
sus miedos cada vez más chicos,
y un hombre se calló la boca.

¿Qué espera para hablar?
¿Acaso es una copa no colmada?
Las copas pierden con el tiempo
y un hombre se calló la boca.

¿Qué espera? ¿Tiene miedo?
¿No sabe? ¿Es un mártir?
¿Le secaron la lengua? ¿Es ciego? ¿Es sordo? ¿Qué es?
un hombre se calló la boca.

No quiere estallar,
no quiere darle pedazos a la rabia.
¿Qué espera? ¿Esperaba? ¿Espera?
un hombre se calló la boca.

Pasaron años y vinieron
los que organizan la victoria
todos hablaron, pero antes
un hombre se calló la boca.

Juan Gelman / Juan Cedrón


domingo, 9 de diciembre de 2012

Lo imprevisto

Señor, nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas, que la vida
me presente de golpe la baraja
contra la que he de jugar.

Quiero el asombro
de ir silencioso por mi calle oscura,
sentir que me golpean en el hombro,
volverme, y ver la faz de la aventura.

Quiero ignorar en dónde y de qué modo
encontraré la muerte. Sorprendida,
sepa el alma, a la vuelta de un recodo,
que un paso atrás se le quedo la vida.
Conrado Nalé Roxlo


domingo, 5 de agosto de 2012

Balada del ex-traficante de diamantes

En Nueva York, Londres, París
vendí diamantes
para las suaves gargantes de las damas
y ahora tengo un collar violeta.

Gané millones de esterlinas
y francos dólares
que no tenían el menor olor
a los negros de Kimberley.

En Nueva York, Londres, París.

Un día me distraje
y vi en un diamante un resplandor
o como rostros, como soles
que se enfriaban en mis dedos.

Me ahorqué después de almorzar
por los diamantes que vendí
yo no sabía que eran bellos.

Yo no sabía que eran bellos.


Juan Gelman


viernes, 22 de junio de 2012

Invierno

No dia em que fui mais feliz
eu vi um avião
se espelhar no seu olhar até sumir
De lá pra cá não sei
caminho ao longo do canal
faço longas cartas pra ninguém
e o inverno no Leblon é quase glacial
Há algo que jamais esclareceu
onde foi exatamente que larguei
naquele dia mesmo
o leão que sempre cavalguei
Lá mesmo esqueci que o destino
sempre me quis só
no deserto sem saudade, sem remorso só
sem amarras, barco embriagado ao mar
Não sei o que em mim
só quer me lembrar
que um dia o céu
reuniu-se à terra um instante por nós dois
pouco antes do ocidente se assombrar


Adriana Calcanhotto / Antonio Cícero


sábado, 28 de abril de 2012

Leer/Escribir

Tuvo que subirse a una silla para bajar el libro, que estaba en el estante más alto. En los más bajos se apiñaban los textos de la facultad; en los del medio, viejos álbumes de fotos y una enciclopedia en veinte tomos; en el último, entre Durrell y el Romancero, esperaba ese libro que nadie había tocado en muchos años. Sopló el polvo que lo cubría y levantó la tapa roja. Él la miró desde su retrato, un hombre de rasgos apacibles y ojos marrones vestido a la usanza de otro siglo, y ella le sonrió antes de buscar el poema. Yo me pregunto, a fe mía, ¿qué hacíamos tú y yo hasta que nos amamos? Sí, eso estaba muy bien. Dejó la pluma en el tintero y se acarició pensativamente la barba. Afuera relinchó un caballo, dos hombres discutían, alguien rió destempladamente. Pero en su habitación todo era silencio y la imagen de una mujer alta leyendo a la luz de una vela. Cerró los ojos para verla mejor, y al cabo de un instante las palabras volvieron a fluir sin tropiezos. Si alguna vez vi una belleza que deseara y obtuviera, no fue sino un sueño de ti. Es pensó ella con el libro sobre las rodillas, como si cada hombre que quise en mi vida, que me aceleró el corazón al verlo, fuera una sombra huidiza frente a tu imagen, frente a esa sonrisa de dientes desparejos y el rulo contumaz sobre tu frente. Yo no sabía decirlo, pero él lo dijo por mí y antes de mí, y cuánta gente habrá sentido lo mismo en estos cuatro siglos. Y ahora buenos días a nuestras almas que despiertan, mirándose sin miedo una a la otra. Luego de haber escrito estos versos se preguntó qué pensaría al leerlos esa mujer alta, de pasos largos y miradas fugaces, y si habría poeta en el mundo capaz de poner en buen inglés la inmensa alegría de abrir los ojos junto a ella cada mañana, oler su cuerpo bajo las sábanas y hundirle los dedos en el pelo. Del otro lado de la ventana los dos hombres, olvidada su discusión, conversaban sobre América. Ha regresado Sir Walter, y cuenta cosas increíbles de aquellas tierras, dijo uno. No es necesario ir tan lejos para encontrar grandes portentos, pensó él, y escribió. Deja a los descubridores de mares ir en busca de nuevos mundos, deja que los mapas muestren mundos y más mundos, y poseamos nosotros sólo un mundo - que cada cual tenga uno y sea uno. Un poema, se dijo ella, no es tan distinto de una carta: ambos envían un mensaje, en ambos vibra un deseo de decir que tensa las palabras como cuerdas de una guitarra, y en ciertas ocasiones (como ésta) nos está permitido enviar nuestro mensaje en las voces de otros hombres, hombres que murieron hace mucho y a los que miramos desde la distancia, como en el fondo turbio de un espejo. Y sin embargo esas voces llegan claras y distintas, más fuertes que la tierra que los cubre. Mi rostro en tus ojos, el tuyo está en los míos. Una gota de tinta cayó sobre la hoja. Quizá, se angustió él, no haya mérito alguno en estos versos. ¿Qué sé yo de poesía? Yo, un funcionario de segunda. Yo, un pobre secretario. ¿Cómo podría yo haber hecho algo especial? Ante sus ojos se perfiló la silueta de la mujer alta y delgada, con la dolorosa precisión de una pintura. Mis rimas son tan pobres, y ella no lo es. Pero entonces la recordó cuando dormía, la respiración casi invisible y el pelo derramado sobre la almohada, libre por fin de su imposible arquitectura. E intuyó, sin explicarse por qué, que sus versos habían capturado algo, tal vez una o dos de las palabras adecuadas para dirigirse a una mujer capaz de dormir de esa manera. Alguna línea, quizá, profunda y cambiante como las piedras que adornaban esos largos dedos blancos. Su poema -entonces comprendió- iría más allá de ella, recorriendo e involucrando a hombres y mujeres que él no vería jamás, en mundos ajenos e inasibles, en terribles países de fábula. Su poema sería leído por gentes que no la habrían amado, que no la habrían (¡ah, imaginarlo!) siquiera visto; pero sin ella no sería más que tinta sobre una página. Para llegar a los otros, su voz debería atravesarla -a ella de las miradas largas y los pasos fugaces-, pasar a través de ella como la luz debe pasar por el agua para convertirse en todos los colores. Reconfortado, ligero el corazón bajo el grueso jubón negro, escribió. Y sinceros, simples corazones descansan sobre los rostros. Ella reconoció inmediatamente esos momentos: nos miramos y no decimos nada, ponemos especial cuidado en no decir nada, porque sabemos que una sola palabra rasgaría el equilibrio del instante, quebraría la ecuación perfecta de nuestros silencios. Sí, creo que este hombre quiso decir precisamente eso. Volvió, con afectuosa curiosidad, al retrato de la primera página, e indagó los ojos inteligentes, la sonrisa rondando las comisuras. Un hombre muerto ayudándola a hablarle a un hombre vivo. Esta noche voy a mostrarte el poema. Estaremos acurrucados en el raído sofá del living, tantas veces manchado de café, y podré finalmente decirte todo esto. Y será con palabras prestadas, pero que también, de algún modo, serán las mías. De todos modos, habrá mucho que quedará sin explicar: todo lo que las mareas del tiempo no traen a nuestras orillas, como los dedos de una mujer alta desatando las cintas de su vestido mientras un hombre de ojos marrones la aguarda tendido en la cama. Pero recién cuando esta imagen comenzó a desdibujarse tomó la pluma entre los dedos para rematar el poema. Si nuestros dos amores son uno, o si tú y yo nos amamos tan a la par que no mengüe ninguno, ninguno podrá morir.


Laura Chalar


sábado, 30 de abril de 2011

Instrumentos

Enseguida he sabido que la funda de guitarra que llevaba a la espalda estaba vacía. Cada visita, antes de acomodarse en el diván, me relata una de sus pérdidas. En una ocasión le robaron el saxo unos que se la tenían jurada. El violín se lo arrebató un hombre que dijo ser de otro planeta. Incluso lanzó por los aires el clarinete del que salían larvas blancas del tamaño del dedo gordo.
Mientras doblaba la funda, me ha preguntado si mi esposa había vuelto. No, le he dicho; es más, había pensado regalarle su guitarra.


Enrique Parra Veïnat


sábado, 25 de diciembre de 2010

Aguarda-te ao chegar

Calas-me a voz, voz do olhar
Sinto que o tempo tarda em chegar
Distante ausente, sinto apertar
O peito ardente por te encontrar
Na minha alma que anseia urgente
Pelo momento de ter-te presente
Pelo infinito estendo os meus olhos
Um mar de mil desejos aguarda-te ao chegar

Encho a minha taça vazia
com perfumes de poesia
Bebo a saudade amarga e fria
e então adormeço ao luar

Calas-me a voz p'ra lá do tempo
Estrelas que caem por um lamento
Espuma na areia solta no vento
O meu silêncio, meu sentimento
Em minha alma que chora vazia
Por um momento se acende a magia
Pelo infinito estende o meu sorriso
Num mar azul de sonhos, acorda-me ao chegar

Encho a minha taça ardente
com incenso doce e quente
Sirvo de beber a alegria
que sinto ao ver-te a chegar

Calas-me a voz...

Em minha alma que chora vazia
Por um momento se acende a magia
P'lo infinito estendo os meus olhos
Um mar de mil desejos aguarda-te ao chegar


Ana Moura
Para além da saudade (2007)



domingo, 22 de agosto de 2010

Cielo fuerte

Cielo fuerte, con el sol para pescar
y en la selva todo está para morir
y es el río el que sumerge aquí
las semillas de tu corazón
hoy que una luna entrerriana
marcó tu destino.
Fue tu hembra en la sombra de un palmar
y esos años, tu sexo y tu pan
pero en el fondo del estanque aquel
reflejando todo lo que fue
ves que tu amor guaraní
se secó lentamente.
Era tu amor de la mañana
era la flor roja del ceibo
eras el ángel aborigen
perdiéndose en el agua,
llevándose la vida
como se va la arena.


Almendra


sábado, 15 de mayo de 2010

Comentario sucinto sobre "Amor constante más allá de la muerte"

... En el Renacimiento y el período barroco la visita del fantasma se asoció al neoplatonismo. Hay varios ejemplos en esa tradición poética. El más impresionante es el soneto de Quevedo: Amor constante más allá de la muerte. Un astro negro y blanco, ardiente y helado. Conforme a la doctrina platónica, en la hora de la muerte el alma inmortal abandona al cuerpo y asciende a las esferas superiores o regresa a la tierra para purgar sus faltas. El cuerpo se corrompe y vuelve a ser materia amorfa; las almas de los enamorados se buscan y se unen. En esto el cristianismo coincide con el platonismo; incluso las almas de los adúlteros Paolo y Francesca giran juntas en el segundo círculo del Infierno. Sin embargo, hay una diferencia substancial: a la inversa de la doctrina platónica, el cristianismo salva al cuerpo que, después del Juicio Final, resucita y vive la eternidad de la Gloria o la del Averno. Quevedo rompe con esta doble tradición y dice algo que no es ni platónico ni cristiano. El soneto de Quevedo ha sido justa y universalmente admirado pero me parece que no ha sido advertida su singularidad ni se ha reparado en todo lo que lo separa de la tradición neoplatónica. No es ésta la ocasión para emprender un análisis de este poema y me limitaré a un comentario sucinto. Para mayor claridad, transcribo el texto:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

En el primer cuarteto el poeta evoca - o más exactamente: convoca - el día de su muerte. El mundo invisible se desvanece y el alma, desatada del tiempo y sus engaños, regresa a la noche del principio, que es también la del fin. Conformidad con la ley de la vida: los hombres son mortales y sus horas están contadas. En el segundo cuarteto la conformidad se transforma en rebeldía. Insólita y poco cristiana transgresión: la memoria de su amor seguirá ardiendo en la otra orilla del Leteo. El alma, encendida por la pasión y vuelta llama nadadora, cruza el río del olvido. La conjunción de agua y fuego es una metáfora antigua como la imaginación humana, empeñada desde el principio en resolver la oposición de los elementos en unidad; en el soneto de Quevedo las nupcias del fuego y el agua asumen la forma de una relación a un tiempo polémica y complementaria. La llama lucha con el agua y la venca; a su vez, el agua es un obstáculo que, al mismo tiempo, le permite a la llama flotar sobre su moviente superficie. El alma, llama enamorada, viola la "ley severa" que separa al mundo de los muertos del de los vivos.
El primer terceto consuma la transgresión y prepara la metamorfosis final. En una rápida enumeración une, sin confundirlos, al alma y al cuerpo, este último personificado por dos elementos de la pasión erótica: la sangre y la médula. La primera línea dice que el alma ha vivido prisionera de "todo un Dios". No el Dios cristiano sino, aunque grande, un dios entre los otros: Eros, el amor. La imagen de la prisión amorosa aparece en otros poemas de Quevedo; por ejemplo, en el soneto que tiene por tema a un retrato de su amada que llevaba en una sortija: "En breve cárcel traigo aprisionado...". En general, como se ve precisamente en este soneto, no es el alma del amante la prisionera sino la figura de la amada, que está grabada (presa) en el corazón o en el alma de su enamorado. El amante, dice sor Juana en otro soneto, labra con su fantasía una cárcel para encerrar la imagen amada. Aunque Quevedo dice lo contrario - el alma del amante es la prisionera - no borra la relación entre los dos términos, el amante y la amada. Ahora bien, en uno y otro caso el emblema de la pareja es el deseo que teje una cárcel amorosa. El deseo es una consagración, sea porque la cárcel es divina (Eros) o porque la prisionera es una diosa o una semidiosa (la mujer amada). Se conserva así una de las nociones cardinales del amor en Occidente: la consagración de la amada. En sus dos vertientes la imagen suscita la de la sagrada comunión, turbadora y sacrílega analogía que es asimismo una violación del platonismo y del cristianismo. La segunda línea recoge la conjunción entre el agua y el fuego pero ahora de una manera más acusada y violenta: la sangre del cuerpo alimenta la llama inmaterial de la pasión. La tercera línea no es menos impresionante: el fuego pasional consume la médula de los huesos. Nueva fusión de lo material y lo espiritual: la médula es la parte más íntima y secreta de la persona, "lo más substancioso - dice el diccionario - de una cosa no material".
El sobrecogedor terceto final es el resultado de la transmutación en que consiste el combate amoroso entre el fuego y el agua, la vida y la muerte. En la primera línea el alma del amante abandona su cuerpo, "no su cuidado". Afirmación de la inmortalidad del alma pero que continúa presa en los lazos de este mundo. El alma sigue prendida, por el deseo, a otro cuerpo, el de la mujer amada. El "cuidado" que retiene al alma a la orilla del río del olvido y que convierte a la memoria en llama nadadora, no es el amor a las ideas eternas ni al Dios cridstiano: es el deseo hacia una persona humana, mortal. La frase de Blake, "la eternidad está enamorada de las obras del tiempo", es perfectamente aplicable a este verso blasfemo. La línea siguiente invierte los términos de la paradoja: las venas "serán ceniza, mas tendrá sentido". Los resiguos inanimados del cuerpo no perderán ni la sensibilidad ni la conciencia: sentirán y se darán cuenta de su sentimiento. La médula es objeto de la misma transmutación: aunque será polvo, materia vil, seguirá amando. Los restos del muerto, sin dejar de ser despojos materiales, conservan los atributos del alma y de la vida: el sentir y el sentido: En la tradición platónica, el alma abandona el cuerpo en busca de las formas eternas; en la cristiana, el alma se reunirá con su cuerpo un día: el día de los días (el del Juicio Final). Heredero de ambas tradiciones, Quevedo las altera y, en cierto modo, las profana: aunque el cuerpo se deshace en materia informe, esa materia está animada. El poder que la anima y le infunde una terrible eternidad es el amor, el deseo.
Religión y poesía viven en continua ósmosis. En el soneto de Quevedo es constante la presencia de los mitos y los ritos del paganismo grecorromano; también están presentes, aunque de modo menos directo, los misterios del cristianismo. El tema del soneto es profundamente religioso y filosófico: la supervivencia del alma. Pero la visión de Quevedo es única y, en su singularidad, trágica. El cuerpo dejará de ser una forma humana; será materia inánime y, no obstante, seguirá amando. La distinción entre alma y cuerpo se desvanece. Derrota del alma: todo vuelve a ser polvo. Derrota del cuerpo: ese polvo está animado y siente. El fuego, que destruye al cuerpo, también lo anima y lo convierte en cenizas deseantes. El fuego del poema es metafórico y designa a la pasión; sin embargo, en el ánimo del lector evoca obscuramente el rito pagano grecorromano de la incineración del cadáver, reprobado por la Iglesia. Es imposible saber si Quevedo tuvo consciencia de esta asociación; probablemente se dejó llevar por imágenes inconscientes. Por lo demás, no importa demasiado saberlo; lo que cuenta es lo que siente el lector al leer el poema... y lo que siente es que el fuego del amor de pronto deja de ser una gastada metáfora y se vuelve una llama real que devora el cuerpo de un muerto. Resurrección de una imagen que duerme en el inconsciente colectivo de nuestra civilización. El Diccionario de autoridades, al definir el significado de la palabra ceniza, dice que designa "los huesos y residuos de algún difunto, haciendo alusión al estilo que introdujo y observó la Antigüedad de quemar los cuerpos de sus difuntos, separando sus cenizas para conservarlas en sepulcros, urnas o pirámides". El soneto de Quevedo es una urna de forma piramidal, una llama.


Octavio Paz
La llama doble



domingo, 11 de abril de 2010

Musée des Beaux Arts

About suffering they were never wrong,
The Old Masters; how well, they understood
Its human position; how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water; and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
had somewhere to get to and sailed calmly on.


W. H. Auden


lunes, 1 de marzo de 2010

So Payaso

Puede que me deje llevar
Puede que levante la voz
Puede que m'arranque sin más
A ver qué me dice después...

Quiero ser tu perro fiel
Tu esclavo sin rechistar
Que luego me desato y verás
A ver qué me dice después...

So payaso
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy descolorío
La empiezo a besar
A ver qué me dice después
So cretino
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy desconocío
Empiezo a pensar
A ver qué me dice después

Acercate y ya verás
Que no se cómo hacerlo peor
Despacito pero normal
A ver qué me dice después

Hago casas de cartón
Ayer bebí hasta jurar
Pero hoy no me levanta ni Dios
A ver qué me dice después

So payaso
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy descolorío
La empiezo a besar
A ver qué me dice después
So cretino
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy desconocío
Empiezo a pensar
A ver qué me dice después...


Extremoduro


sábado, 30 de enero de 2010

Léo

Um pé na soleira e um pé na calçada, um pião
Um passo na estrada e um pulo no mato
Um pedaço de pau
Um pé de sapato e um pé de moleque
Léo

Um pé de moleque e um rabo de saia, um serão
As sombras da praia e o sonho na esteira
Uma alucinação
Uma companheira e um filho no mundo
Léo

Um filho no mundo e um mundo virado, um irmão
Um livro, um recado, uma eterna viagem
A mala de mão
A cara, a coragem e um plano de vôo
Léo

Um plano de vôo e um segredo na boca, o ideal
Um bicho na toca e o perigo por perto
Uma pedra, um punhal
Um olho desperto e um olho vazado
Léo

Um olho vazado e um tempo de guerra, um paiol
Um nome na serra e um nome no muro
A quebrada do sol
Um tiro no escuro e um corpo na lama
Léo

Um nome na lama e um silêncio profundo, um pião
Um filho no mundo e uma atiradeira
Um pedaço de pau
Um pé na soleira e um pé na calçada


Chico Buarque/Milton Nascimento


jueves, 24 de diciembre de 2009

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena,

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.


Garcilaso de la Vega


jueves, 5 de noviembre de 2009

Has vuelto

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven… la novia… ¡quién sabe!
Alegrías, penas,
vividas en horas distantes. ¡Qué suave
se le pone el rostro cada vez que suenas
algún aire antiguo! ¡Recuerda y suspiro!
Has vuelto, organillo. La gente
modesta te mira
pasar, melancólicamente.
Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.

¡Adiós, alma nuestra! parece
que dicen las gentes en cuanto te alejas.
¡Pianito del dulce motivo que mece
memorias queridas y viejas!
Anoche, después que te fuiste,
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste-
lloraban los ojos del ciego.


Evaristo Carriego


viernes, 11 de septiembre de 2009

La ciudad

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los rockets suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!


Gonzalo Millán


lunes, 8 de junio de 2009

Orsei

No sé por qué no grité
cuando vi que llegó el centro
y la peinaste sabiendo
que moriría en la red.

No sé por qué cuando fuiste
festejando a los alambres
un grito amagó a brotarme
y lo apreté con los dientes.

No sé por qué
no esperé a que terminara el partido.
No sé de dónde
era el frío que me encimó en la Colombes.
No sé por qué
no compré el choricito habitual
y no encendí la Oriental
pa' revivir la emoción...

No sé en quién iba pensando
por qué fui tan distraído
y en el ómnibus vacío
perdí mi gorrito 'e hincha.

Yo te admiro desde años,
si te tengo en el taller
pegado junto a Gardel
en la pared del vestuario.
Pero a veces pienso cosas
como cuando leo el diario...
y allí sale que un gol tuyo
es diez veces mi salario.

Alguno puede pensar
que es porque envidio tu gloria
pero entre lo que no sé
sé que es muy vieja esa historia.
Hoy de nuevo en el taller
no sé qué fue que sentí
cuando de nuevo te vi
despreocupado, sonriente;
vos me mirabas feliz,
yo fui a marcar como siempre
cuando sentí de repente
que me quedaba en orsei...

No sé qué fue que pasó
los muchachos preguntaron
cuando vieron solo al mago
sosteniendo la pared.


Mauricio Ubal
Rumbo - (1982) Sosteniendo la pared



sábado, 25 de abril de 2009

Whisky and soda

soy llevado sobre circunferencias de acero
que ruedan sobre complacientes paralelas también de acero
chupo el cilindro forrado de papel
que contiene hojas picadas tostadas encendidas en la punta
bebo en la vasija de cuarzo traslúcido
este líquido compuesto de alcohol
mezclado con agua donde sube el gas en esferitas
esgrimo este otro cilindro de madera con eje de grafito
lo aplico sobre la celulosa blanca plana sumamente delgada
alzo por fin mi repugnante corazón sobre las olas correctas de la técnica
y consigo decir te quiero


César Fernández Moreno


jueves, 25 de diciembre de 2008

A fábrica do poema

sonho o poema de arquitetura ideal
cuja própria nata de cimento
encaixa palavra por palavra, tornei-me perito em extrair
faíscas das britas e leite das pedras.
acordo!
e o poema todo se esfarrapa, fiapo por fiapo.
acordo!
o prédio, pedra e cal, esvoaça
como um leve papel solto à mercê do vento e evola-se,
cinza de um corpo esvaído de qualquer sentido
acordo, e o poema-miragem se desfaz
desconstruído como se nunca houvera sido.
acordo! os olhos chumbados pelo mingau das almas
e os ouvidos moucos,
assim é que saio dos sucessivos sonos:
vão-se os anéis de fumo de ópio
e ficam-me os dedos estarrecidos.
metonímias, aliterações, metáforas, oxímoros
sumidos no sorvedouro.
não deve adiantar grande coisa permanecer à espreita
no topo fantasma da torre de vigia
nem a simulação de se afundar no sono.
nem dormir deveras.
pois a questão-chave é:
sob que máscara retornará o recalcado?


Waly Salomão




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Waly, permiso...
---

sueño un poema de arquitectura ideal
cuya propia nata de cemento
encaja palabra por palabra, me volví experto en extraer
chispas del pedregullo y leche de las piedras.
¡despierto!
y todo el poema se deshace, hilacha por hilacha.
¡despierto!
el edificio, piedra y cal, revolotea
como un papel liviano suelto a merced del viento y se desvanece,
ceniza de un cuerpo no percibido por ningún sentido
despierto, y el poema-espejismo desaparece
demolido como si nunca hubiera sido.
¡despierto! los ojos cegados por la saliva reseca
y los oídos sordos,
así salgo de sucesivos sueños:
se disipan los anillos de humo de opio
y quedan mis dedos aterrados.
metonimias, aliteraciones, metáforas, oxímoros
hundidos en el remolino.
no servirá de mucho permanecer espiando
en la cima fantasma de la torre de vigía
ni simular perderse en el sueño.
ni dormir de veras.
pues la pregunta clave es:
¿con qué máscara regresará lo reprimido?

lunes, 6 de octubre de 2008

Hormigas

A la cálida vida que trascurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.


Ramón López Velarde


martes, 26 de agosto de 2008

Policronías

Es increíble pensar que hace doce años
cumplí cincuenta, nada menos.

¿Cómo podía ser tan viejo
hace doce años?

Ya pronto serán trece desde el día
en que cumplí cincuenta. No parece
posible.
El cielo es más y más azul,
y vos más y más linda.
¿No son acaso pruebas
de que algo anda estropeado en los relojes?
El tabaco y el whisky se pasean
por mi cuarto, les gusta
estar conmigo. Sin embargo
es increíble pensar que hace doce años
cumplí dos veces veinticinco.
Cuando tu mano viaja por mi pelo
sé que busca las canas, vagamente
asombrada. Hay diez o doce,
tendrás un premio si las encontrás.
Voy a empezar a leer todos los clásicos
que me perdí de viejo. Hay que apurarse,
esto no te lo dan de arriba, falta poco
para cumplir trece años desde
que cumplí los cincuenta.
A los catorce pienso
que voy a tener miedo,
catorce es una cifra
que no me gusta nada
para decirte la verdad.


Julio Cortázar
que hace cuarenta y cuatro años
cumplió cincuenta.



sábado, 12 de abril de 2008

Cetrería

Liebre, venado, faisán.

                                   No me atrae la caza
ni me gusta alinear la carne roja
en bandejas de plata.

Pero el halcón
acaba de traerme tus ojos.

Amo la cetrería.

                      Mañana
                      ha de traerme tu mirada.


Ana Emilia Lahitte


lunes, 17 de diciembre de 2007

Canção sem seu nome

Eu vi você atravessar a rua
molhando a sombra na água
Eu vi você parar a lagoa parada

Você atravessou a rua
na direção oposta
pisando nas poças, pisando na lua
e a poesia refletida ali me deu as costas

E pra que palavras
se eu não sei usá-las?
Cadê a palavra que traga você
daquela calçada?

Você atravessou a rua
na direção contrária
e a poesia que meu olho molhava ali
quem sabe não me caiba
quem sabe seja sua
ali, atravessando a chuva
e toda lagoa parada
Você na direção errada
e eu na sua


Adriana Calcanhotto


jueves, 27 de septiembre de 2007

Recuerdos del Portezuelo

En esas mañanitas de la quebrada
yo bajaba las cuestas como si nada
y en un marcha’o parejo de no cansarse
me iba pidiendo riendas mi mula parda.

Al pasar por el rancho del Portezuelo
salían a mirarme sus ojos negros.
Nunca le dije nada, pero qué lindo,
y de feliz le daba mi copla al viento.

”Parezco mucho y soy poco,
esperemos y esperemos
pa’ cuando salga de pobre,
viditay, conversaremos”.

Los vientos y los años me arriaron lejos,
lo que ayer fue esperanza hoy es recuerdo.
Me gusta arrinconarme de vez en cuando
a pensar en la moza del Portezuelo.

¿Qué mirarán sus ojos en estos tiempos?
Mi corazón, paisano, quedó con ellos.
Nunca le dije nada, pero qué lindo,
sólo tengo la copla pa’mi consuelo.

¿Dónde estará la moza del Portezuelo?
¿Están tristes o alegres sus ojos negros?
Nunca le dije nada, pero qué lindo,
siento un dulzor amargo cuando me acuerdo.


Atahualpa Yupanqui, 1953


lunes, 23 de julio de 2007

Love again

Love again: wanking at ten past three
(Surely he's taken her home by now?),
The bedroom hot as a bakery,
The drink gone dead, without showing how
To meet tomorrow, and afterwards,
And the usual pain, like dysentery.

Someone else feeling her breasts and cunt,
Someone else drowned in that lash-wide stare,
And me supposed to be ignorant,
Or find it funny, or not to care,
Even ... but why put it into words?
Isolate rather this element

That spreads through other lives like a tree
And sways them on in a sort of sense
And say why it never worked for me.
Something to do with violence
A long way back, and wrong rewards,
And arrogant eternity.


Philip Larkin


martes, 29 de mayo de 2007

La hermosa langosta aplastada en la vereda

La langosta aplastada en el cordón
la pongo en la estufa y arde
escucho el crujido del adiós
su cajón son llamas verdes

Se consumió...

En la piedra laja gotas de ron
y en las gotas resplandece
es que la belleza de tu muerte hace más hermosa que te vi cuando brilla el cuerpo viva

Y te brindé...

Lentamente
levanté la copa hacia vos
en trago suave
barriendo la sangre

Y te brindé…

Vi perderte
en tu traje verde-jade
en polvo de ángel
en leña candente
Lentamente
levanté la copa hacia vos
en trago suave
barriendo la sangre


Buenos Muchachos


jueves, 5 de abril de 2007

Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight

(Trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia)

1) Busque la flecha indicadora.
2) Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.
3) Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.
4) Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.
5) La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.
6) Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la flecha.
7) Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ése es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
8) Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.
9) Calcule 100 gr de jabón por cada kilo de ropa sucia.
10) Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar...". Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de la Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.
11) Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.
12) No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?". Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.
   Lloraba Solón la muerte de su hijo. Un amigo se le acerca y le dice:
   - ¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
   - Por eso -contestó Solón- porque sé que es inútil.
13) No está tan mal ser triste, señora. El que entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviando este cupón por correo.
14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que rebolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".

NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.


Alejandro Dolina


este texto se cruzó en medio de otra gran tristeza

y este sitio se está pareciendo a un diario
pero mensual


viernes, 9 de marzo de 2007

Se fue.

Elegía


(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).



Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Miguel Hernández, 10 de enero de 1936



Aunque estos versos hablen de una desaparición inesperada, y la suya para mí por algún motivo no lo fue, vayan por el Darno las palabras más sentidas que conozco ante la muerte de un amigo.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Cigarras y hormigas

(o qué hacer este verano)


Durante ese verano, ese otoño y esa primavera la cigarra cantó, leyó libros maravillosos, se hinchó de frutas de comarcas lejanas, fornicó y bebió hasta desfallecer, durmió sobre el humo de las ramas del sauce. Mientras, la hormiga -que sabe leer y conoce la historia- saqueó con su modestia la montaña, llenó de hojas, migajas y restos de vecinos muertos toda su cueva. Meticulosa, la hormiga pasó el año ahorrando para cuando el viento y la lluvia feroz.

Y llegó el invierno (como suele suceder en la literatura y en el mundo) y arrasó con todos los planetas. Del reino sólo quedaron raíces y hojas de plátano, susurros atrapados bajo el hielo, cadáveres simples y pequeños (cigarras y hormigas, por ejemplo).


Alberto Barrera

lunes, 20 de noviembre de 2006

La mujer barbuda

¿Con qué será que sueña
la mujer barbuda?
¿Será que en el sueño ella salta
como la trapecista?
¿Será que soñando se arriesga
como el domador?
Verás
simplemente se quita la máscara
como un payaso.

Qué tendrá...
Qué será ¿eh?
Qué tendrá para perder
la mujer barbuda.


Adriana Calcanhotto

domingo, 23 de abril de 2006

Beatrice

      Aquel muchacho Dante
campaneaba tu paso en las esquinas
y después de mirarte de callado
se encerraba en la pieza y escribía...
y no se te ocurrió por un instante
pensar que el gil de Dante
te quería?

      Y luego andaban sueltos por Florencia
cada versos de amor que eran un lujo,
y todo a vos,
      y muchos
            lo sabían...
y no se te ocurrió por un minuto
pensar en lo gigante que se haría
el gil aquel por lo que te escribía?

      Yo quisiera saber qué te vería
para vivir cantando tu memoria,
si no le diste cinco de bolilla.

      De vos,
que no le dabas ni la hora,
de él,
que te miraba y se moría
no logro distinguir al más idiota.

      Y debe ser,
sin duda,
porque a veces
a mí también me pasan esas cosas.


Juan de Marsilio

lunes, 27 de febrero de 2006

Un funesto nombre de mujer

    Miguel siempre deseó ser escritor. Desde niño ése fue su sueño. Su primer juguete fue un conjunto de módulos; diez con el controno de los números, y veintiocho con los signos de los sonidos lingüisticos. Con ellos floreció su precoz instrucción. Supo leer, y de cierto modo escribir, primero que ninguno de los niños de su tiempo. En sus juegos siempre desestimó los módulos de los números, prefiriendo esos otros con los que, muy pronto, pudo construir comprensibles términos como cielo o nube. Sin conocer el porqué, uno de esos módulos - el primero del repertorio sonoro - fue objeto de un misterioso repudio. Desde el principio lo despreció y el recurrente deseo de reproducir voces sin él, terminó convirtiendo el inocente juego en un persistente y penoso conflicto. Y esto empeoró, desde que dejó de construir simples términos e inició el intento de componer textos siguiendo un guión. Evidentemente el escribir omitiendo ese signo, no es imposible pero es en extremo difícil. El continuo esfuerzo, impropio de un niño, repercutió en su espíritu; corrido el tiempo, Miguel se volvió un joven introvertido y con un único entretenimiento: escribir cuentos con ese curioso estilo.
    Cumplidos los veinticinco, trocó su tedioso empleo de portero en un edificio por un puesto en un periódico. Primero cumplió funciones de simple meritorio, pero luego, en virtud de sus conocimientos pudo ser notero, cumpliéndose entonces sus viejos deseos de escribir en serio. Por un tiempo todo fue bien. Comenzó con un desempeño muy bueno e incluso obtuvo un cierto prestigio. Pero pronto volvieron los primitivos recelos y se inició un embrollo muy difícil de resolver; el inveterado empeño dejó de ser un mero juego y se convirtió en obsesión. El signo rebelde cobró condición de prohibido en el cerebro de Miguel, y llegó el momento en que, incluso, el propio monólogo interior tomó el insólito estilo de su escribir. Como es obvio, esto perjudicó el brillo y sencillez de sus textos, estos primero fueron confusos, y luego, oscuros e ininteligibles. Consciente de su impropio proceder en el empleo y temeroso por sus posibles efectos, pidió consejo, pero su mujer lo escuchó con evidente desinterés; Miguel le comentó sus desvelos, pero se estrelló en un muro de incomprensión. Y por fin llegó lo previsible: los superiores en el periódico no pudieron entender los móviles de Miguel, y mucho menos, consentir su modo de escribir. Todo terminó con su expulsión. Miguel soportó el golpe con estoicismo, pero lo que le resultó poco menos que insufrible, fue el desmedido enojo de Mercedes. En efecto, su mujer, ni bien supo lo del despido, se enfureció y le endilgó un extenso repertorio de denuestos. Miguel intentó por todos los medios exponer los viejos miedos, pero le fue inútil. Mercedes, con su sentido simple y directo, no logró entender el complicado y equívoco discurso de su esposo. El conflicto culminó irremisiblemente en divorcio, y el compungido Miguel se quedó sin empleo y sin mujer. Desde entonces quedó sumido en un punto de creciente depresión. Los meses fueron sucediéndose sin indicios de progreso en el espíritu de Miguel. En todo ese tiempo, el registro de términos con los que nutrir sus cuentos, fue su único recreo. Su retorno como portero en el edificio le permitió subsistir, y de ese modo, pudo seguir ejerciendo su despropósito en el difícil género elegido. Pero, por fin, un suceso logró conmover los sentidos de Miguel. Conoció otro espécimen femenino y lo recibió como un bienvenido consuelo. El encuentro le permitió emerger de su retiro y conocer un ser tierno, hermoso, y sobre todo comprensivo. Un viento de sueños sopló entonces en el pecho de Miguel, pero sólo duró lo que el dulce en el hocico del perro, pues los hechos se sucedieron con ritmo poco común.
    Un incidente, que no por previsible resultó menos sorpresivo, convirtió en polvo su reciente ilusión. - ¿Cómo es tu nombre? - le preguntó. Fue el principio del fin. El nombre detonó en su mente como un misil y el débil hilo de su juicio terminó de romperse. Todo dejó de tener sentido y desde ese momento tuvo un único objetivo: huir... huir de ese mundo lleno de símbolos prohibidos e irse lejos de ese funesto nombre de mujer. Miguel se esfumó y sólo dejó en pos de sí, un documento con un texto de difícil comprensión:
"Me voy y no volveré. Lo siento, pero es imposible. Si no puedo escribir tu nombre, no te podré querer. Miguel".

    El pliego logró su destino, pero sirvió de muy poco: Amanda se quedó por siempre sin entender el porqué de lo efímero del encuentro con Miguel, y mucho menos, el de su incomprensible fin.


Juan José Montero


En castellano, las vocales representan aproximadamente el 50% del material fonético. Dentro de ese 50%, ésta es la frecuencia de las vocales: A 16%, E 14%, O 10%, I 6% y U 3,6 %. En un relato de la extensión de "Un funesto nombre de mujer" debería haber unas 380 letras A.
No las hay.


jueves, 26 de enero de 2006

Túmulo de la mujer de un avaro...

... que vivió libremente, donde hizo esculpir un perro de mármol llamado "Leal"


     Yacen en esta rica sepoltura
Lidio con su mujer Helvidia Pada,
y por tenerla solo, aunque enterrada,
al cielo agradeció su desventura.

     Mandó guardar en esta piedra dura
la que, de blanda, fue tan mal guardada;
y que en memoria suya, dibujada
fuese de aquel perrillo la figura.

     Leal el perro que miráis se llama,
pulla de piedra al tálamo inconstante,
ironía de mármol a su fama.

     Ladró al ladrón, pero calló al amante;
ansí agradó a su amo y a su ama:
no le pises, que muerde, caminante.


Francisco de Quevedo

domingo, 15 de enero de 2006

Formoso Tejo meu...

Formoso Tejo meu, quão diferente
te vejo e ve, me vês agora e viste!
Turvo te vejo a ti, tu a mim triste,
claro te vi eu já, tu a mim contente.

A ti foi-te trocando a grossa enchente
a quem teu largo campo não resiste;
a mim trocou-me a vista em que consiste
o meu viver contente ou descontente.

Já que somos no mal participantes,
sejamo-lo no bem. Oh, quem me dera
que fôramos em tudo semelhantes!

Mas lá virá a fresca primavera:
tu tornarás a ser quem eras de antes,
eu não sei se serei quem de antes era.


Francisco Rodrigues Lobo
muerto ahogado en el río Tejo en 1622


lunes, 9 de enero de 2006

Oceano Nox

Junto do mar, que erguia gravemente
A trágica voz rouca, enquanto o vento
Passava como o voo do pensamento
Que busca e hesita, inquieto e intermitente

Junto do mar sentei-me tristemente,
Olhando o céu pesado e nevoento,
E interroguei, cismando, esse lamento
Que saía das coisas, vagamente...

Que inquieto desejo vos tortura,
Seres elementares, força obscura?
Em volta de que ideia gravitais?

Mas na imensa extensão, onde se esconde
O Inconsciente imortal, só me responde
Um bramido, um queixume, e nada mais...


Antero de Quental

jueves, 5 de enero de 2006

Desmemoria acústica

Ayer a la tardecita iba solo en el auto cuando en la radio comenzó a sonar Nightswimming y en un instante se me llenó el cuerpo de la melancolía más dulce que uno pueda imaginarse.

Quise tener doce años de vuelta y pasar los tres meses del verano del 88 en la vieja cabaña junto al lago en Cramdon Corner. Añoré estar sentado en el desvencijado muelle de madera, los pies chapoteando despacio en el agua y mis amigos tirados boca arriba a mi lado mirando el cielo en silencio, mientras la brisa suave de las ocho de la noche nos secaba el pelo. Me embargó el deseo de que pasara mi primo Ted a buscarnos en su pick-up destartalada y nos llevara en la caja al autocine a ver la misma película por décimocuarta vez, atragantándonos con caramelos pegoteados por el calor y una botella de cerveza sin gas traída a modo de infantil contrabando. Hubiera pagado por sentir una vez más la misma electricidad que me corría por la nuca cuando la veía pasar a Molly por la puerta de la fuente de soda del viejo Wilbur, cruelmente ataviada con pantalones demasiado cortos y la camisa anudada sobre el ombligo, riéndose sin darse cuenta de que llevaba todas mis ilusiones en los hombros.

Me pregunto si en ese preciso momento, en Georgia o Carolina del Sur, un muchacho de veintipico largos estaba escuchando una canción y sintiendo nostalgia de un picado con una pelota desgajada en una cortadita de empedrado a dos cuadras de la estación, de medialunas con dulce de leche a la tarde en la pileta de Adrogué, de un jumper azul y unos ojos almendrados abajo de un árbol en el patio de séptimo grado.

Algún distraído allá arriba nos traspapeló las saudades.


gentileza involuntaria de Autopistas

domingo, 1 de enero de 2006

A Cachorra

Veio uma angústia de cima
Pelos ombros me agarrou
No mais fundo do meu peito
Sua lâmina cravou
Depois que no chão desfeito
O meu corpo estrebuchou
Pelos cabelos a fera
Sobre pedras me arrastou
Meu corpo se espedaçou.
Mais ainda não satisfeita,
Nova vida me insuflou:
Para mostrar poderio
Com a sua mão direita
Uma cidade arrasou
Na esquerda tomou um rio
Fogo nas águas soprou
As águas todas do rio
Com seu hálito secou
Levou-me aos cimos mais altos
No ar me imobilizou
Depois em súbitos saltos
A garra adunca fincando
No meu coração, lá do alto
Soltou um grito nefando
E sobre o mar me atirou.
Ah! nas águas do mar alto
Meu corpo logo afundou.
Veio buscar-me de novo:
Angina-pectoris, polvo,
Meu coração sofocou
E tais surras de chicote
Me deu, que a cada lambada
Minh'alma mortificada
Só a morte desejou;
Meu rosto esfregou na lama
As faces me babujou
E quando, à atroz azafama,
O meu olhar se turvou
Vencido entregue arquejante
- Perdido o sangue das veias -
Na praia sobre as areias
Meu corpo exausto rodou.
Ah! pobre corpo do amante
Que até o fim se humilhou!
Então um riso infamante
As fauces lhe escancarou
Zombou da minha tolice
"Eu sou a Cachorra", disse,
"Tu me chamaste: aqui estou".

A essa voz dissiparam-se as sombras
E enquanto ela me mastigava os últimos restos da memória
Senti que da sua boca nasciam rosas
E vi que o céu se rasgava para a maravilhosa aparição.


Pedro Dantas