sábado, 25 de diciembre de 2010

Aguarda-te ao chegar

Calas-me a voz, voz do olhar
Sinto que o tempo tarda em chegar
Distante ausente, sinto apertar
O peito ardente por te encontrar
Na minha alma que anseia urgente
Pelo momento de ter-te presente
Pelo infinito estendo os meus olhos
Um mar de mil desejos aguarda-te ao chegar

Encho a minha taça vazia
com perfumes de poesia
Bebo a saudade amarga e fria
e então adormeço ao luar

Calas-me a voz p'ra lá do tempo
Estrelas que caem por um lamento
Espuma na areia solta no vento
O meu silêncio, meu sentimento
Em minha alma que chora vazia
Por um momento se acende a magia
Pelo infinito estende o meu sorriso
Num mar azul de sonhos, acorda-me ao chegar

Encho a minha taça ardente
com incenso doce e quente
Sirvo de beber a alegria
que sinto ao ver-te a chegar

Calas-me a voz...

Em minha alma que chora vazia
Por um momento se acende a magia
P'lo infinito estendo os meus olhos
Um mar de mil desejos aguarda-te ao chegar


Ana Moura
Para além da saudade (2007)



domingo, 22 de agosto de 2010

Cielo fuerte

Cielo fuerte, con el sol para pescar
y en la selva todo está para morir
y es el río el que sumerge aquí
las semillas de tu corazón
hoy que una luna entrerriana
marcó tu destino.
Fue tu hembra en la sombra de un palmar
y esos años, tu sexo y tu pan
pero en el fondo del estanque aquel
reflejando todo lo que fue
ves que tu amor guaraní
se secó lentamente.
Era tu amor de la mañana
era la flor roja del ceibo
eras el ángel aborigen
perdiéndose en el agua,
llevándose la vida
como se va la arena.


Almendra


sábado, 15 de mayo de 2010

Comentario sucinto sobre "Amor constante más allá de la muerte"

... En el Renacimiento y el período barroco la visita del fantasma se asoció al neoplatonismo. Hay varios ejemplos en esa tradición poética. El más impresionante es el soneto de Quevedo: Amor constante más allá de la muerte. Un astro negro y blanco, ardiente y helado. Conforme a la doctrina platónica, en la hora de la muerte el alma inmortal abandona al cuerpo y asciende a las esferas superiores o regresa a la tierra para purgar sus faltas. El cuerpo se corrompe y vuelve a ser materia amorfa; las almas de los enamorados se buscan y se unen. En esto el cristianismo coincide con el platonismo; incluso las almas de los adúlteros Paolo y Francesca giran juntas en el segundo círculo del Infierno. Sin embargo, hay una diferencia substancial: a la inversa de la doctrina platónica, el cristianismo salva al cuerpo que, después del Juicio Final, resucita y vive la eternidad de la Gloria o la del Averno. Quevedo rompe con esta doble tradición y dice algo que no es ni platónico ni cristiano. El soneto de Quevedo ha sido justa y universalmente admirado pero me parece que no ha sido advertida su singularidad ni se ha reparado en todo lo que lo separa de la tradición neoplatónica. No es ésta la ocasión para emprender un análisis de este poema y me limitaré a un comentario sucinto. Para mayor claridad, transcribo el texto:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

En el primer cuarteto el poeta evoca - o más exactamente: convoca - el día de su muerte. El mundo invisible se desvanece y el alma, desatada del tiempo y sus engaños, regresa a la noche del principio, que es también la del fin. Conformidad con la ley de la vida: los hombres son mortales y sus horas están contadas. En el segundo cuarteto la conformidad se transforma en rebeldía. Insólita y poco cristiana transgresión: la memoria de su amor seguirá ardiendo en la otra orilla del Leteo. El alma, encendida por la pasión y vuelta llama nadadora, cruza el río del olvido. La conjunción de agua y fuego es una metáfora antigua como la imaginación humana, empeñada desde el principio en resolver la oposición de los elementos en unidad; en el soneto de Quevedo las nupcias del fuego y el agua asumen la forma de una relación a un tiempo polémica y complementaria. La llama lucha con el agua y la venca; a su vez, el agua es un obstáculo que, al mismo tiempo, le permite a la llama flotar sobre su moviente superficie. El alma, llama enamorada, viola la "ley severa" que separa al mundo de los muertos del de los vivos.
El primer terceto consuma la transgresión y prepara la metamorfosis final. En una rápida enumeración une, sin confundirlos, al alma y al cuerpo, este último personificado por dos elementos de la pasión erótica: la sangre y la médula. La primera línea dice que el alma ha vivido prisionera de "todo un Dios". No el Dios cristiano sino, aunque grande, un dios entre los otros: Eros, el amor. La imagen de la prisión amorosa aparece en otros poemas de Quevedo; por ejemplo, en el soneto que tiene por tema a un retrato de su amada que llevaba en una sortija: "En breve cárcel traigo aprisionado...". En general, como se ve precisamente en este soneto, no es el alma del amante la prisionera sino la figura de la amada, que está grabada (presa) en el corazón o en el alma de su enamorado. El amante, dice sor Juana en otro soneto, labra con su fantasía una cárcel para encerrar la imagen amada. Aunque Quevedo dice lo contrario - el alma del amante es la prisionera - no borra la relación entre los dos términos, el amante y la amada. Ahora bien, en uno y otro caso el emblema de la pareja es el deseo que teje una cárcel amorosa. El deseo es una consagración, sea porque la cárcel es divina (Eros) o porque la prisionera es una diosa o una semidiosa (la mujer amada). Se conserva así una de las nociones cardinales del amor en Occidente: la consagración de la amada. En sus dos vertientes la imagen suscita la de la sagrada comunión, turbadora y sacrílega analogía que es asimismo una violación del platonismo y del cristianismo. La segunda línea recoge la conjunción entre el agua y el fuego pero ahora de una manera más acusada y violenta: la sangre del cuerpo alimenta la llama inmaterial de la pasión. La tercera línea no es menos impresionante: el fuego pasional consume la médula de los huesos. Nueva fusión de lo material y lo espiritual: la médula es la parte más íntima y secreta de la persona, "lo más substancioso - dice el diccionario - de una cosa no material".
El sobrecogedor terceto final es el resultado de la transmutación en que consiste el combate amoroso entre el fuego y el agua, la vida y la muerte. En la primera línea el alma del amante abandona su cuerpo, "no su cuidado". Afirmación de la inmortalidad del alma pero que continúa presa en los lazos de este mundo. El alma sigue prendida, por el deseo, a otro cuerpo, el de la mujer amada. El "cuidado" que retiene al alma a la orilla del río del olvido y que convierte a la memoria en llama nadadora, no es el amor a las ideas eternas ni al Dios cridstiano: es el deseo hacia una persona humana, mortal. La frase de Blake, "la eternidad está enamorada de las obras del tiempo", es perfectamente aplicable a este verso blasfemo. La línea siguiente invierte los términos de la paradoja: las venas "serán ceniza, mas tendrá sentido". Los resiguos inanimados del cuerpo no perderán ni la sensibilidad ni la conciencia: sentirán y se darán cuenta de su sentimiento. La médula es objeto de la misma transmutación: aunque será polvo, materia vil, seguirá amando. Los restos del muerto, sin dejar de ser despojos materiales, conservan los atributos del alma y de la vida: el sentir y el sentido: En la tradición platónica, el alma abandona el cuerpo en busca de las formas eternas; en la cristiana, el alma se reunirá con su cuerpo un día: el día de los días (el del Juicio Final). Heredero de ambas tradiciones, Quevedo las altera y, en cierto modo, las profana: aunque el cuerpo se deshace en materia informe, esa materia está animada. El poder que la anima y le infunde una terrible eternidad es el amor, el deseo.
Religión y poesía viven en continua ósmosis. En el soneto de Quevedo es constante la presencia de los mitos y los ritos del paganismo grecorromano; también están presentes, aunque de modo menos directo, los misterios del cristianismo. El tema del soneto es profundamente religioso y filosófico: la supervivencia del alma. Pero la visión de Quevedo es única y, en su singularidad, trágica. El cuerpo dejará de ser una forma humana; será materia inánime y, no obstante, seguirá amando. La distinción entre alma y cuerpo se desvanece. Derrota del alma: todo vuelve a ser polvo. Derrota del cuerpo: ese polvo está animado y siente. El fuego, que destruye al cuerpo, también lo anima y lo convierte en cenizas deseantes. El fuego del poema es metafórico y designa a la pasión; sin embargo, en el ánimo del lector evoca obscuramente el rito pagano grecorromano de la incineración del cadáver, reprobado por la Iglesia. Es imposible saber si Quevedo tuvo consciencia de esta asociación; probablemente se dejó llevar por imágenes inconscientes. Por lo demás, no importa demasiado saberlo; lo que cuenta es lo que siente el lector al leer el poema... y lo que siente es que el fuego del amor de pronto deja de ser una gastada metáfora y se vuelve una llama real que devora el cuerpo de un muerto. Resurrección de una imagen que duerme en el inconsciente colectivo de nuestra civilización. El Diccionario de autoridades, al definir el significado de la palabra ceniza, dice que designa "los huesos y residuos de algún difunto, haciendo alusión al estilo que introdujo y observó la Antigüedad de quemar los cuerpos de sus difuntos, separando sus cenizas para conservarlas en sepulcros, urnas o pirámides". El soneto de Quevedo es una urna de forma piramidal, una llama.


Octavio Paz
La llama doble



domingo, 11 de abril de 2010

Musée des Beaux Arts

About suffering they were never wrong,
The Old Masters; how well, they understood
Its human position; how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water; and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
had somewhere to get to and sailed calmly on.


W. H. Auden


lunes, 1 de marzo de 2010

So Payaso

Puede que me deje llevar
Puede que levante la voz
Puede que m'arranque sin más
A ver qué me dice después...

Quiero ser tu perro fiel
Tu esclavo sin rechistar
Que luego me desato y verás
A ver qué me dice después...

So payaso
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy descolorío
La empiezo a besar
A ver qué me dice después
So cretino
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy desconocío
Empiezo a pensar
A ver qué me dice después

Acercate y ya verás
Que no se cómo hacerlo peor
Despacito pero normal
A ver qué me dice después

Hago casas de cartón
Ayer bebí hasta jurar
Pero hoy no me levanta ni Dios
A ver qué me dice después

So payaso
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy descolorío
La empiezo a besar
A ver qué me dice después
So cretino
Y me tiemblan los pies
A su lado
Me dice que estoy desconocío
Empiezo a pensar
A ver qué me dice después...


Extremoduro


sábado, 30 de enero de 2010

Léo

Um pé na soleira e um pé na calçada, um pião
Um passo na estrada e um pulo no mato
Um pedaço de pau
Um pé de sapato e um pé de moleque
Léo

Um pé de moleque e um rabo de saia, um serão
As sombras da praia e o sonho na esteira
Uma alucinação
Uma companheira e um filho no mundo
Léo

Um filho no mundo e um mundo virado, um irmão
Um livro, um recado, uma eterna viagem
A mala de mão
A cara, a coragem e um plano de vôo
Léo

Um plano de vôo e um segredo na boca, o ideal
Um bicho na toca e o perigo por perto
Uma pedra, um punhal
Um olho desperto e um olho vazado
Léo

Um olho vazado e um tempo de guerra, um paiol
Um nome na serra e um nome no muro
A quebrada do sol
Um tiro no escuro e um corpo na lama
Léo

Um nome na lama e um silêncio profundo, um pião
Um filho no mundo e uma atiradeira
Um pedaço de pau
Um pé na soleira e um pé na calçada


Chico Buarque/Milton Nascimento